En nuestra sociedad, las leyes existen, y el interés en la protección de nuestros niños parece estar presente, al menos en el papel. Sin embargo, a menudo nos encontramos en la incertidumbre sobre quién velará por la seguridad de nuestros pequeños frente a los abusos, el acoso y la negligencia que afectan gravemente su desarrollo y futuro.
Un acontecimiento que tuvo lugar el 16 de septiembre ilustra esta preocupación. Una madre desesperada busca ayuda, pero tres días después, el silencio es la única respuesta que recibe. Luego, el 19 de septiembre, recurre a las autoridades judiciales, pero de nuevo, el silencio persiste. Nadie toma acción, nadie dice una palabra. Fue solo el sábado, cuatro días después, cuando las redes sociales nos alertaron sobre la triste situación de una madre que no obtuvo el apoyo necesario y que se vio obligada a denunciar el caso públicamente. Es en este momento cuando nos damos cuenta de que, en realidad, nadie cuida a nuestros niños.
Sin embargo, es sorprendente cómo las autoridades salen de la nada para expresar su opinión y defender sus acciones, cuando las redes sociales se inundan de información, tanto verídica como distorsionada.
Es inevitable reconocer que, si un problema no se viraliza en las redes sociales, parece que no existe. Es triste pero cierto. Pero, ¿quién culparía a una madre por exponer la situación de su hija en público? Si no lo hace, su hija queda completamente desamparada, sin acceso a la justicia y convertida en doble víctima de un sistema que no protege adecuadamente nuestro futuro. Decir que el sistema no cuida a nuestros niños puede parecer una provocación, pero a veces es necesario resaltar estas realidades incómodas para impulsar el cambio necesario.
Pero solo lo digo… por joder!
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